Historia de Hulleras de Sabero. (Parte II)

Artículo aparecido en la revista “Vadinia”, publicada por el grupo juvenil “El Hayedo”, en el número 3, el año 1.994. Firmado por Julio de Prado Reyero.


C-6622Junto al Pozo de la Herrera nº 1 desarrolló su actividad la Sociedad Nueva Montaña, que a pesar de haber iniciado sus trabajos en el año 1915, pasa por muchos altibajos, reanudándolos en el año 1919 con la ejecución de un pozo junto a la Herrera nº 1, que llega a alcanzar la profundidad de 65 metros, con dos plantas y cinco capas de carbón de potencia bastante irregular.

Al coincidir con los años de la posguerra europea consigue buenos mercados de carbones, pero se inicia en esta empresa una crisis al finalizar la década de los 20, ofreciéndose en venta a Hulleras de Sabero, que de momento no se interesa en su adquisición, pero al continuar teniendo grandes dificultades en colocar sus carbones en el mercado nacional, al fin, el día 5 de Abril de 1933, se cierra el trato y la empresa Hulleras de Sabero, ya dirigida por D. León Izaguirre, adquiere 28.000 metros de terrenos de que dispone, por la cantidad de 275.000 pesetas, haciéndose cargo de ella los ingenieros D. Luis Vendrell y D. Roberto Sterling.

A la sombra de Hulleras de Sabero se desarrollan igualmente otras muchas minas, entre las que cabe contar a Hulleras del Oeste de Sabero, en territorio de Veneros, que también desde sus muchos avatares a partir de su constitución en el año 1901, terminó por cancelarse en la crisis del año 1975.

En esta misma zona se explotaron las minas de la Sorda, Herminia, Fortuna y Unión, todas ellas con labores de poca longitud.

Al Suroeste de Sabero, se explotaba la Mina Policarpa a través de dos capas. Asimismo explotaban estas dos capas la Sabero nº 10 y la Mina Gonzalo, contiguas al anterior, con un transversal y dos pozos.

El crecimiento experimentado en las explotaciones mineras a partir del año 1910 y hasta el año 1920 lleva a introducir muchas mejoras en la minería, especialmente en Hulleras de Sabero, pero no así en las empresas de pequeñas dimensiones.

42792918Otra de las dificultades con que se encontraron los empresarios mineros fue lo intrincado del suelo de la Cuenca Minera de Sabero, que además atomizaba las labores con escasez de recursos económicos.

Pero el gran “boom” que provoca en nuestras minas la primera Guerra Europea da realce a las pequeñas minas, conocidas como “de ocasión o chamizos”, haciendo a través de ellas su “agosto” los contratistas y miniinversores y sin afectar de la misma manera a Hulleras de Sabero, que por entonces ya contaba con instalaciones costosas, siendo su capital social muy modesto al contar únicamente con la cantidad de 3.652.200 pesetas, que llegarían el 27 de marzo de 1920 a los cinco millones de pesetas en acciones de 500 pesetas.

El conflicto mundial provocó asimismo un fuerte desequilibrio en el mercado, bajando las importaciones en un 50 % del consumo nacional, lo que repercutió también en la industria, registrándose no obstante un aumento del producto y la apertura de numerosas sociedades mineras.

El salario que obtiene un minero en 1914 son 4 pts, en 1915 sube a 4,50, en 1916 a 5,50 y en 1917 llega a las 6,50 pts.

Los precios por tonelada registran un aumento considerable, pasando de las 18,62 pts en 1914 a las 56,08 pts en el año 1918.

En Hulleras de Sabero se dan también unos bandazos enormes en la producción, pues de las 120.000 toneladas producidas en el año 1914 se baja a las 83.000 en el 1917, debido, sobre todo, a la crisis provocada por la escasez de medios económicos y el aumento progresivo de las huelgas y conflictos sociales.

El conflicto laboral que mayor repercusión tuvo a nivel nacional fue la famosa huelga del año 1917, aquí conocida como “La Huelga del Hambre”, que duró seis meses y dejó en la calle a numerosos obreros, entre los que se contaba toda la plantilla de Hulleras de Sabero, que al no encontrar trabajo en las minas que no respondieron a la huelga como las Minas de Oceja de Esteban Corral, hubieron de emigrar hacia Barruelo de Santullán, Laciana, Francia o América.

Las actas del Ayuntamiento de Cistierna de aquella época se hacen eco del paro en toda la región, que como queda dicho afectó a todos los mineros de Hulleras de Sabero hasta el punto de que se amotinaron ante el Ayuntamiento de Cistierna, por no haber sido creado aun el de Sabero, llegando a ocuparlo por la fuerza, viéndose en la necesidad las autoridades provinciales de enviar hasta aquí al Regimiento de Burgos.

Oídos algunos testigos presenciales de los hechos pueden reconstruirse así “grosso modo”: La huelga se declaró el 14 de Octubre de 1917, afectando en primer lugar tan solo al sector minero, que invitó a los ferroviarios a unirse también a ella, para conseguir paralizar el tren en la estación de Cistierna. No conseguido a satisfacción este intento, los mineros de Hulleras de Sabero, de las distintas partes de la comarca, se conjuntaron y acordaron inutilizar la vía férrea, de suerte que destrozados varios carriles, los militares encontraron muchas dificultades para llegar a su destino, a donde venían conducidos por los que el vulgo calificó como “El Capitán Loco” y “El Teniente Veneno”.

Al fin llegaron el día 15 a Cistierna y se encontraron con que los mineros bajados desde el Valle de Sabero se habían aventurado a proclamar desde el balcón principal del Ayuntamiento La República y declarar la guerra contra El Eje o los alemanes y tomar postura a favor de los aliados.

Esta noticia causó estupor en el Gobierno Civil de León, por lo que una vez que hubo llegado el Regimiento de Burgos a Cistierna, sembró el pánico entre los mineros, que huyeron a los montes para evitar conflictos y represalias.

Se dice que uno de los principales inspiradores de la revolución fue “El Panaderín de Boñar”, que huyó camuflado en un carro de caballerías, burlando el cerco de los soldados.

Desde Cistierna la fuerza militar se trasladó al Valle de Sabero lanzando ráfagas al aire para intimidar a la gente hasta llegar a Olleros de Sabero donde destruyeron el Centro Sindical Socialista, en que actuaba como principal animador el sindicalista obrero Diego Rozas Reyero, que no vivió aquí los días de la huelga por haber huido atemorizado hacia Asturias, entrando por la zona de Cangas de Onis.

Por otra parte fueron varios los detenidos, siendo trasladados e internados en la cárcel de León.

Las consecuencias fueron fatales, pues a pesar de que los sindicatos ayudaban a los mineros, según sus escasas posibilidades, fueron muchos los que se vieron obligados a pedir “fiado” en las tiendas e inclusive a pedir limosna por los pueblos del contorno.

Pero como “no hay mal que por bien no venga”, afortunadamente a este período de prueba y penuria sucederían los años de “las vacas gordas” en nuestra zona, que conocemos como los de la euforia minera, de los que hablaremos en el próximo capítulo.

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