La Espada de Sabero

La documentación de esta espada, hallada en Sabero, está tomada de “Espadas del Bronce Antiguo y Medio halladas en la provincia de León”. También hemos encontrado referencias a esta espada en la obra “Aproximación a la Edad del Bronce en la Región Cantábrica” y en “Historia de León”, publicada por “Crónica 16”. Otra referencia a esta espada aparece en la “Guía breve de la arqueología leonesa. Museo de León”.

En la actualidad, se encuentra depositada en el Museo de León.


“Espadas del Bronce Antiguo y Medio halladas en la provincia de León”.

2granMás que de espada acaso habría que hablar de puñal largo ya que mide tan sólo 317 mm. de longitud total, por 68 de ancho en la base. Su diseño es triangular, de bordes ligeramente cóncavos y cabeza rematada en una lengüetilla apenas esbozada. Sus hombros, muy marcados, se levantan tímidamente hasta encontrar la lengüeta, cobijando cada uno de ellos una perforación -cuadrada en un caso y sin forma precisa en el contrario- para acoger el correspondiente roblón o pasador con vistas a acoplar una empuñadura. La sección de la pieza es lenticular, apuntándose pese a todo un somero nervio central en la mitad inferior de la hoja. Por lo demás ésta última ostenta como rasgo más destacado tres acanalados marginales a lo largo de todo el borde que contribuyen a realzar su elegante aspecto. La pieza presenta una bella pátina, uniforme y estable, por lo que su conservación puede considerarse satisfactoria, a pesar de que la lengüeta se encuentra algo doblada. Su propietario es actualmente D. M. García Gutiérrez, vecino de León.

EspadaEl hallazgo de tan singular espada se produjo en el pago conocido con el nombre de El Castro, en el término municipal de Sabero. El lugar que, como su nombre indica, reúne evidentes condiciones defensivas coincide con una imponente elevación labrada en rocas calizas, desde la que se domina perfectamente la horquilla que a sus pies forman, en su confluencia, los ríos Esla y Sabero. Pese a ello, en época indeterminada, aunque posiblemente protohistórica por las peculiares características de las fortificaciones, se tendieron por el Norte y el Oeste varios lienzos de muralla, a base de dos parámetros de piedra en seco con relleno intermedio, que en la actualidad se hallan notablemente expoliados. El arma que ahora nos ocupa apareció en la parte más elevada de El Castro -1.140 m.-, a escasos metros al Oeste de un torreón de mampostería, seguramente medieval, que se denomina El Castillo, siendo localizada prácticamente a flor de tierra, según se nos dijo “hincada en el suelo”. Lamentablemente todo el material cerámico que hemos sido capaces de recoger en prospección reciente se reduce a unos cuantos fragmentos a torno, por lo que cualquier consideración histórica o cultural a deducir en relación con el hallazgo descrito debe inferirse exclusivamente del estudio tipológico de la espada.

Tres aspectos merecen ser destacados en relación con ella: 1) su correspondencia a la familia de los puñales de lengüeta mal llamados campaniformes (“tanged daggers” de los prehistoriadores británicos)… aunque con la novedad de las dos perforaciones, que normalmente no se dan en aquellos; 2) la atrofia de su lengüeta, reducida a un apéndice triangular muy reducido, y 3) la particularidad de sus rebajes marginales, altamente decorativos y, por lo general, impropios de tales armas.

El siglo XVII (a. d. C.), o todo lo más el comienzo del XVI, nos parece en principio una fecha adecuada para el puñal de Sabero, y ello incluso reparando en la similitud de su hoja con respecto a la de un nuevo puñal, el portugués de la gruta IX de Alcobaça indudablemente más tardío.

Finalmente no queremos pasar por alto la relativa proximidad formal del puñal de Sabero con respecto al representado en el grabado del Peñatu de Vidiago. El número de clavos de este último evidentemente es mayor que el de nuestra pieza, pero pese a ello y pese a la disposición más o menos en arco de los mismos en aquél, creemos que el leonés es el puñal que más se aproxima al de esa representación; más que las espadas o puñales argáricos, más que las armas bretonas de la primera serie tumular y más, por supuesto, que los puñales de lengüeta campaniformes. De manera parecida se han pronunciado P. Bueno y M. Fernández Miranda al relacionar el puñal de Vidiago con el hallado en el collado de Gumial, precedente del de Sabero, y ello tiene un evidente interés por dos razones: por un lado porque de alguna manera permite poner en relación a la pieza de Sabero con la iconografía del ídolo del Peñatu, significativamente análoga a la de la losa maragata de Tabuyo del Monte, y por otro porque tanto la alabarda grabada en esta última -¿tipo Carrapatas?- como el puñal de Sabero, son elementos indiscutiblemente “atlánticos”, con lo que se corrobora en cierto modo la hipótesis del origen occidental, vinculado particularmente al Norte peninsular, de las primeras representaciones de tan singulares ídolos ibéricos.


“Historia de León”.

Otra arma metálica, en cambio, señala con toda claridad la presencia de influencias atlánticas extrapeninsulares en nuestra provincia. Se trata de la denominada “Espada de Sabero”, que también podría considerarse un puñal largo por no alcanzar los 32 cm. de longitud. Posee una hoja triangular, con los bordes ligeramente cóncavos y la cabeza rematada en un esbozo de lengüeta. Esta última serviría para fijar la empuñadura -que no se conserva por estar confeccionada con materiales perecederos-, a lo que también contribuirían dos perforaciones, para pasar sendos remaches, situadas en los hombros de la hoja, es decir, en el extremo opuesto a la punta. Según Delibes, Avello y Rojo esta pieza sería una imitación local de un modelo británico-armoricano que siempre presenta seis perforaciones. Este tipo estuvo en boga durante la primera fase de la cultura de los Túmulos del noroeste francés y en la de Wessex I de las islas, con una datación que puede situarse en el siglo XVII o el comienzo del XVI.

 


“Guía breve de la arqueología leonesa. Museo de León”.

En esta obra, de Fernando Miguel Hernández, aparecen referencias a la espada de Sabero en la página 14:

Otro ejemplo de adaptación local de las influencias foráneas lo representa el puñal o espada corta de Sabero: hoja triangular de doble filo, de bordes ligeramente cóncavos y rematada en una corta lengüeta con dos orificios para albergar roblones que fijasen la empuñadura.

Además, en la página 18, hace referencia a las fíbulas de codo halladas en la Cildad:

La culminación del mismo se alcanzó en la siguiente etapa (Bronce Final III, 900-700 a. C.), en la que de manera natural se incorporan los nuevos modelos metálicos: la espada de “lengua de carpa”, los calderos de chapas claveteadas, o las fíbulas de codo, como la del castor de la “Cildad” de Sabero.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s