El castillo de Aquilare.

A caballo entre las primeras estribaciones cantábricas y la llanura, controlando el camino natural que a través de la cuenca del Esla comunica la montaña con la meseta, se halla situado el castillo de Aquilare o Aquilar, que fue fortaleza y capital del condado medieval del mismo nombre, que se extendía desde Gradefes hasta más arriba de Argovejo. Encaramado sobre una vertical mole caliza que se alza 274 metros sobre el nivel del río Esla que corre a sus pies.

La Peña del castillo. Al fondo Peñacorada.Domina visualmente un amplio espacio geográfico, que hacia el sur llega hasta cerca de Mansilla, por oriente y por poniente hasta las colladas de Fuentes y la de Sotillos que dan acceso a las cuencas del Cea y del Porma respectivamente, y por el norte la cuenca del Alto Esla.

Emplazado en un lugar sumamente estratégico, podemos rastrear sus orígenes al menos desde el Neolítico gracias a restos allí encontrados, pero es el importante asentamiento cántabro situado a sus pies el que nos ha dejado restos el poblamiento continuado del paraje durante aquellos primeros momentos de nuestra historia, utilizando con toda seguridad la imponente cumbre como privilegiada atalaya desde la que controlar su entorno y desde la que verían llegar, rozando el cambio de era, a las legiones romanas que les someterían. Según el historiador Eutimio Martino, este lugar pudo tomar su nombre de los estandartes romanos (coronados por las águilas imperiales), cuando éstos tomaron el estratégico lugar durante el transcurso de las Guerras Cántabras (29-19 a. de C.). Plantando sus insignias en la parte más alta del campamento, como era costumbre, que allí establecieron durante el transcurso de la guerra y la posterior pacificación del territorio, lo que diera el definitivo y posterior nombre de “Aquilare” (águila en latín) a esta peña; como así parecen atestiguar algunos hallazgos ocasionales (monedas, cerámicas y una punta de lanza), que confirmarían la presencia romana en este lugar.

Y no parece andar muy descaminado Eutimio Martino, pues una estela vadiniense encontrada en la localidad de Sabero, en cuyos términos se alza el castillo, y datada entre los siglos I-III de nuestra era, está dedicada al hijo de un personaje llamado “Aquilo”. La transcripción de la lápida dice así: “Monumento a Lucio Antonio, hijo de Aquilo, vadiniense de 20 años, Lépido se lo puso a su nieto”.

Restos del único muro que permanece en pie, perteneciente al torreón.Que tanto este anónimo personaje, como la peña y el castillo tengan el mismo nombre no deja de resultar bastante curioso.

El origen del posterior condado medieval se remonta a la repoblación del valle de Orede (Valdoré) por un tal Purello, que será cabeza del importante linaje de los Flagínez, tras vencer en la batalla del río Dueñas (Lois-Las Salas) a los moros que saqueaban la comarca partiendo de la fortaleza de Aquilare que estaba bajo su dominio.

Según la crónica de Al-Maqqari, después de la conquista de la Península, los árabes se establecieron en los pasos difíciles de las montañas para proteger los territorios conquistados frente a las tropas de Pelayo que ocupaban las cabeceras de los ríos, en los altos valles cantábricos.

Los musulmanes tras la rápida ocupación los territorios entre los diferentes clanes y etnias participantes; la cornisa cantábrica les tocó a los bereberes que pronto se dieron cuenta de que no habían salido bien parados en el reparto, argumentando, no sin razón, que eran estos territorios pobres e inhóspitos, por lo que no tardaron en abandonarlos. Posiblemente la presión ejercida por el incipiente reino astur, aguas abajo, influyera de manera más que decisiva en el abandono de sus posiciones.

Restos de muro o cimentación.De esta fortaleza había partido el joven Omar al frente de sus tropas para ser derrotado en la batalla de Pontuvio (Pontón) por el rey asturiano Fruela (757-768).

Pero debemos esperar unos años más, a partir del 900, para ver ya citado en documentos el nombre de Aquilare en referencia al territorio y al castillo que nos ocupa.

Como cuando en el año 959 el presbítero Melic dona una amplia heredad que comprendía una serie de tierras que iban desde los términos de Matallana de Valmadrigal aguas arriba hasta el término de Aquilare. O como ocurrió en el 967 cuando Afrigedo y su mujer Sabidia venden a Ermenegildo Gonsalvez y a su mujer un molino en el río Esla junto al nido del águila refiriendose en este caso al castillo. Citas, que tanto referentes a la fortaleza como al condado y luego Alfoz, serán continuas y abundantes hasta bien entrado el siglo XVIII.

Restos del torreón desde el lado Este.El encargado de las tareas de repoblación por orden real de los terrenos recuperados fue, como ya comenté, Purello, a quien el día 6 de mayo de 854 el rey concede el valle de Valdoré; origen de una familia que irá acrecentando su poder con el paso de los años dando origen al que sería condado de Aquilare, título que ostentaría ya de forma oficial, a partir del año 997, su descendiente Flagín Muñoz, casado con Justa Fernández, hija del vecino conde de Cea, especificando el documento que los nobles residían en su castillo de Aquilar.

La localización exacta del castillo la encontramos en un documento fechado el 20 de octubre del año 1.112, que delimita las posesiones de la iglesia de Sta. María de Orbayo, luego ermita de Ntra. Señora de la Peña, en la falda sur de Pico Moro, término de Santa Olaja de la Varga; nos dice al trazar las lindes de las propiedades: “…al sur Peñacorada, al este Ceón (refiriendose al Alto Cea), al norte Alex (Aleje) y al oeste Akilar (Sabero).

Y fué en su residencia-fortaleza de Aquilar donde en el año 1.020, un hijo de Flagín, llamado Fernando Flagínez, miembro destacado de la Corte y gobernador de las Torres de León, firmó las escrituras de fundación del monasterio de Pereda (Argovejo), durante un acto con gran pompa, al que acudieron como firmantes del documento el mismo rey Alfonso V, la reina y el infante y futuro rey Vermudo III, así como los obispos del reino, condes y cortesanos distinguidos. El rey recibió como obsequio por la confirmación de la escritura un caballo valorado en 500 sueldos de plata y una silla de montar también del mismo metal.

Restos del Algibe.La fundación del monasterio consistió no solamente en el monasterio y oratorio erigidos en honor a San Martín, también incluía las villas de Pereda y Argovejo con todos sus términos y habitantes, además de dotarlo con un riquísimo ajuar, más de 100 vacas, 300 ovejas, 10 yeguas, 15 caballos, 2 asnos y 7 parejas de bueyes.

Algunos años más tarde, en 1.060, el rey Fernando I, arrebata el castillo de Aquilar a la familia “por la rebelión que hizo contra mi padre” un hijo de Fernando, el conde Fernan Flagínez.

De cualquier forma, esta familia sigue manteniendo su poder y casi todo su patrimonio durante varias centurias más, pero el castillo, símbolo de poder, no volverá a sus manos sino años más tarde y solo de forma temporal cuando en el año 1.188 al casarse el rey leonés Fernando II con Urraca López de Haro (viuda de un Flagínez), éste la regala en calidad de dote los castillos de la “Somoza” leonesa, integrados por los de Monteagudo (Fuentes de Peñacorada), Aquilar (Sabero), Alión (Las Salas), Portilla, Burón y Siero.

Urraca, al enviudar un año después, cedió estas fortalezas a su hermano Diego López de Haro, señor de Vizcaya, quien por motivos sucesorios se enfrentó al nuevo rey de León Alfonso IX atacando tierras leonesas.

Castillo de Aquilare.El rey en represalia por estos ataques cercó los castillos de Aquilar y Monteagudo y según la Crónica de Ocampo “el castillo de Aquilar resistió más de siete años, estando siempre cercado y siendo su alcaide el valeroso Marcos Gutiérrez. Faltaba ya la viuda, y faltando también la gente, porque unos morían y otros hubieron de huir por el hambre, de modo que quedó dentro de él, él solo, amparado por los gruesos muros.

Comió todo lo que dentro fuese comestible, como los cueros de las sillas, las correas y los ratones. Hasta pacía las hierbas que nacían en el corral y en los muros, y una vez consumido todo y viendo que le faltaban las fuerzas, con gran frescura y valor cogió en sus manos las llaves del castillo y se dejó caer atravesando cabe la puerta del mismo, y así quedó desacordado hasta mediodía. Pero antes había comulgado de la tierra y encomendado su alma a Dios”.

El relato prosigue contando como es auxiliado por los soldados y premiado por su valor por el mismo rey.

Formidable debió ser el cerco sufrido por el castillo pues no sólo quedó reflejado en la Crónica, también es mencionado en documentos del fondo del monasterio de Otero de Dueñas, e incluso se recogen en el Romancero General los siguientes versos:

“Aqueste rey de León, en castillo entrado había; sobre Aguilar el castillo, muy grande cerco ponía”

Vuelve de esta forma el castillo a manos reales, “porque lo había ganado”, siendo entregado seis años más tarde, junto con el de Monteagudo, a la iglesia de León, en la persona del obispo D. Pedro, a cambio de los castillos de Castrotierra de Valmadrigal y Ferreras. Algo después, en 1.219 el rey ratifica este tratado y se compromete ante el obispo de León a no quitarle los castillos de Aquilar y Monteagudo, y en caso contrario restituirle los de Castrotierra y Ferreras.

Ignoramos en que momento y bajo que circunstancias ocurrió, pero en la siguiente centuria, concretamente en 1.349, el castillo y su territorio se encuentra en manos de los Señores de Villalobos, que son llamados “Duques de Aquilar, en las montañas de Boñar, tierra de León”.

Vista general.En estos momentos los distritos de Aguilar y Monteagudo se extienden hasta Sajambre y Valdeón; el de Monteagudo siguiendo la cuenca del Cea, mientras que el de Aguilar comprendía la cuenca del Esla y la merindad de Burón. Los señores de Villalobos que también eran Marqueses de Astorga y Condes de Altamira, deciden reedificar el castillo en 1.387, que se encontraba arruinado, aunque no mencionen la causa suponemos que lo fuese bien por orden real o quizá por abandono. Sigue en los siglos sucesivos bajo jurisdicción de los Marqueses de Astorga, que tenían en Sabero horca y cárcel para ajusticiar a los delincuentes del concejo, hasta mediados del siglo XIX en que quedan extinguidos los señoríos pasando sus terrenos a propiedad comunal.

Las últimas menciones documentales datan, una de 1.776 con motivo de la toma de posesión del Marqués de Astorga, por medio de su representante el corregidor de la villa de Boñar, “en la villa de San Pedro de Valdesabero (Sabero) perteneciente a su señorío”, reuniéndose con los representantes de los concejos debajo de la “nogalona” y en el castillo, paseándose alrededor de ellos como manda la tradición. De 1.792 data la que es la última mención del castillo en un documento referente al pleito sostenido entre los concejos de Modino y el de Valdellorma en el que los testigos afirman que los vasallos del obispo pagaban “cierto fuero al castillo de Aguilar por razón de omecidio o por los que se aogan en el Río e se queman. O dos maravedíes de audiencia o cinco blancas cada vasallo”.

En la actualidad apenas quedan unos pocos restos derruidos y cada vez más deteriorados del que durante tantos siglos fue símbolo de poder territorial en buena parte del Alto Esla y de la Rivera; del que fue el imponente castillo de Aquilare que conoció tiempos de gloria y abandono, de guerras y celebraciones, de cercos y actos oficiales, hoy sumido en la ruina y el olvido.

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